QUESOS aptos para INTOLERANTES A LA LACTOSA
Así es, si eres una persona con intolerancia a la lactosa, existen algunos tipos de queso que podrían sentarte bien. Y es que, las intolerancias, a diferencia de las alergias, tienen una gradación. Es decir, puede que aun con intolerancia a la lactosa, puedas tomarte un cortado, pero no un vaso de leche. O que notes malestar con un cortado, pero no con un trocito de queso curado.
Sabemos que la gestión ante el debut de una intolerancia no es sencilla. En consulta, muchas personas refieren mayor dificultad al planificar su menú. Es más, comentan que al eliminar ciertos productos de su dieta, se quedan sin muchos platos de consumo habitual. Para facilitarte esto en el caso de la intolerancia a la lactosa, hemos preparado este post.
Existen algunos factores que definen en qué medida se tolera la lactosa.
- La variabilidad interpersonal: cada persona puede presentar una tolerancia concreta. Lo que a nivel fisiológico se traduce en, la cantidad o el buen estado de la enzima lactasa presente en el intestino delgado. Además de este azúcar, la leche incluye otros componentes que podrían determinar la digestión, como la caseína, una proteína exclusiva de la leche.
- Los diferentes tipos de lácteos según la procedencia de la leche, el contenido en grasa y el proceso de fermentación son algunos de los factores que pueden determinar su tolerancia.
Antes de empezar a enumerar los quesos aptos, te contamos los ingredientes y el proceso de producción de un queso:
En primer lugar un queso, para llamarse QUESO, debe incluir únicamente 3 ingredientes: leche, cuajo y sal. En ciertos casos, también incluyen fermentos y suero.
A partir de esta base, se añaden aromas, almidones, azúcares, aceites o grasas, conservadores y antiaglomerantes, entre otros compuestos, dando lugar a sucedáneos “falsos” del queso. Por ejemplo, “Rallado”, “Especial gratinar”, “lonchas para sándwich”… Entre estas denominaciones del producto no verás la palabra QUESO porque realmente es un producto con forma, aroma y color a queso, pero que, con la adición de estos ingredientes, ha dejado de serlo.
Comprueba que la denominación del producto que adquieras incluye la palabra QUESO, que es lo que realmente quieres comprar.
En segundo lugar, hay que considerar la fermentación y maduración de los quesos. En este proceso, la lactosa, que es el azúcar de la leche, se descompone. Así que… se obtienen productos naturalmente sin lactosa. Cuanto más dura este proceso, más azúcar se descompone y menos agua contiene el queso. Por tanto, más contenido graso y menos contenido de lactosa tendrá. Pero, ¿en qué debo fijarme para saber el contenido de lactosa? . Fíjate en el apartado “azúcares” de la tabla nutricional.
- Si tiene menos de 0.5 g/100 g de producto, contiene muy poca lactosa.
- Si tiene 0 g, es sin lactosa.
Mira la tabla nutricional, fíjate en el apartado “azúcares”
QUESOS CON MAYOR TOLERANCIA
Estos tipos de queso son naturalmente sin lactosa porque el cuajo y/o fermentos han transformado su contenido en lactosa en ácido láctico, reduciendo así este azúcar de la leche hasta una cantidad ínfima o 0.
Es muy importante que, si escogemos cualquiera de estos, nos aseguremos que sean los quesos originales. Si como está descrito anteriormente, elegimos un “sucedáneo”, ya no podemos asegurar que hayan tenido la fermentación o maduración adecuada para conseguir un contenido muy bajo en lactosa.
- Gruyére: este queso suizo es producto de una fermentación completa en la que se alcanza la descomposición completa de la lactosa. Eso sí, asegúrate que incluye el sello AOP y el del reconocimiento de denominación de origen.
- Chedar: de origen británico, es uno de los más adulterados, consiguiendo un producto similar en menos tiempo y más asequible. Pero el original, tiene una textura y sabor característico que se consigue con unas fermentaciones que pueden durar varios meses, incluso años hasta conseguir un contenido despreciable de lactosa.
- Mozzarella: el queso de la ensalada capresse, de la pizza, incluso en elaboraciones al horno se elabora con leche de búfala y siguiendo el método de elaboración tradicional. Se trata de un queso con bajo contenido en lactosa, poca grasa y de fácil digestión.
- Idiazabal: con denominación de origen, su fermentación puede durar entre 3 y 4 meses.
- Parmigiano-Reggiano: tiene un sabor intenso e ideal para rallar, tiene un contenido en lactosa inferior a 1mg por cada 100g de queso.
- Tête de Moine: se elabora a partir de leche cruda de vaca alpina. Al separar el suero ya se retira gran parte de la lactosa. El resto se reduce con la fermentación.
- Camembert: ¡qué rico con nueces y membrillo! De origen francés y con denominación de origen protegida, es un queso muy graso y suele ser bien tolerado por las personas con intolerancia a la lactosa. Al combinarlo con otros alimentos mejora notablemente su digestibilidad.
- Queso manchego curado: cuanto más curado, menor contenido en lactosa y más gustosos.
- Queso Quark y otros quesos frescos batidos: aunque sean bajos en grasa, pueden ser bien tolerados. Siempre que no incluyan leche en polvo, lactosa, azúcar o nata añadidos.
- Quesos de cabra: la leche de cabra suele ser más digestiva. Siempre que aseguremos que se trata de productos con denominación de origen y fermentaciones largas, pueden comprobar la tolerancia que tienen las personas con intolerancia a la lactosa.
- Comté: como muchos de los anteriores, es de origen francés. Es intenso, aromático y con bajo contenido en lactosa.
Ahora ya dispones de una lista con quesos que pueden sentarte bien. Ten en cuenta que como hemos comentado en varias ocasiones, hay que considerar la tolerancia individual y el etiquetado de productos antes de ingerir cualquiera de estos productos. Si hace tiempo que no tomas queso, empieza por pequeñas porciones y acompáñalos de otros alimentos.
Siempre hay que considerar la tolerancia individual
Descárgate aquí el siguiente resumen que hemos preparado, para tenerlo siempre a mano.
